Psicología de la infidelidad

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La mitad de los italianos engaña a sus parejas, los franceses son los más tolerantes de todos, las norteamericanas no quieren declararse culpables, y las polacas prefieren no saber… la vida es demasiado corta, ten un romance – ánima la página Ashley Madison donde los usuarios de todo el mundo buscan pareja para la infidelidad. Este servicio de citas prácticamente está dedicado a las personas que están en medio de una relación y la quieren diversificar con una “aventura”. ¿Inmoral? ¿Poco ético?  Seguramente es necesario si más de 21 millones de personas se han registrado allí.

Se trata de sexo

Los hombres allí registrados buscan sobre todo sexo. Las causas, mencionadas frecuentemente para evitar remordimientos de conciencia son parecidos: porque la esposa no quiere hacer el amor así como él quiere; porque ella es para él un poco como una vaca sagrada la cual tiene que venerar como esposa y madre pero absolutamente no hacer nada que viene del porno; porque se aburre; porque así es la “naturaleza masculina”; porque ya no es tan admirado; porque su esposa no se cuida como antes, es gorda y no intenta nada…

No tiene ningún significado si es deportista (Tiger Woods, Michael Jordan), científico (Einstein), político (Bill Clinton), artista (Elvis Presley) o un totalmente desconocido mecánico de automóviles. Aunque desde los albores de la historia existe el mandamiento (¡No codiciarás a la mujer de tu prójimo!), esto no obstaculiza que los hombres (un 57%) y las mujeres (un 53%) por lo menos una vez en la vida engañen a su pareja. Hasta un 74% (Associated Press, Journal of Marital and Family Therapy) de los hombres, si tuviera la garantía de no ser atrapado, se decidiría a hacerlo. No se trata entonces de la fidelidad sino de las negativas consecuencias de la separación.

Hay un dicho – ¡La mejor manera de quitarle a la mujer las ganas de tener sexo contigo es casarse con ella! Por lo menos para una parte de las mujeres una relación a largo plazo parece matar la energía del instinto sexual, dejando a sus parejas insatisfechas. A otras mujeres les interesa una simple venganza: si me ha engañado mi pareja, yo le haré lo mismo. Algunos hombres no aguantan sin esta emoción que acompaña el conquistar y lograr nuevos “trofeos”, otros quieren fortalecer su “ego” confirmando su atracción. Si otra lo quiere, esto significa que sigue siendo atractivo. La causa puede ser también las ganas de escaparse del infierno de su casa, donde la frustrada pareja, utilizando el chantaje emocional, le prepara escenas como de las películas baratas. ¿O quizás uno de la pareja ha dejado de cuidarse – acostándose con el control y la cerveza en la mano, pronuncia sonidos que matan inmediatamente la sexualidad?

¿LAS MUJERES SE DEJAN LLEVAR POR LOS MISMOS MOTIVOS?

Al alcanzar poco a poco a los hombres en el número de engaños (un 14% de las esposas norteamericanas comparado con un 22% de hombres) las mujeres destruyen la imagen patriarcal de la “santa mujer” o “princesa”, la cual solo con su esposo y solo “como Dios manda” realiza las obligaciones matrimoniales. Los motivos que guían a las mujeres son: insuficiente cantidad de sexo en la relación, aburrimiento en la cama, ganas de vengarse de su pareja infiel o el sentimiento de rechazo y la falta de atracción. Las mujeres tratan al engaño como la manera de acabar la relación, esperando en esta situación que su pareja se vaya. También juega un gran papel la falta de intimidad, es decir, dejar de lado la seducción, la tentación, los abrazos y otras formas de cercanía. Si en el caso de los hombres se trataba de sexo, en el caso de las mujeres lo importante es la satisfacción en la relación. Si ella no lo está, las mujeres 2,6 veces más están dispuestas a buscar una aventura, que si estuvieran contentas con su relación (Universidad en Guelph, Canada).

UN SEMENTAL Y UNA MUJER DE LA VIDA FÁCIL

Los tiempos han cambiado y la imagen estándar del hombre engañador y la mujer engañada ya no es actual. Hace décadas un hombre engañador era un “semental”, “un verdadero macho”, y la mujer que hacía lo mismo, hablando de manera suave, era una mujer de la vida fácil. Pero en la imagen de “santa” ya creen pocos, y los hombres se han dado cuenta que las princesas solo existen en los cuentos. La separación anticuada entre los hombres deseadores y las mujeres que aman no tiene nada que ver con la realidad, aparte ha resultado que las mujeres saben mejor ocultar la infidelidad. Se encuentran eventuales diferencias en los motivos: en los estudios ingleses (Undercover Lovers) se indicó que un 57% de las mujeres engañadoras se enamoró del objeto de su deseo, comparando con solo un 27% de los hombres más inclinados a una relación íntima sin cualquier emoción.

Sin embargo, existe un factor más importante en la infidelidad que el sexo: el poder. Como decía el implacable Frank Underwood del genial House of Cards, en todo se trata de sexo… fuera de sexo – se trata del poder. Joris Lammers de Tilburg University en sus estudios ha comprobado que existe una directa correlación entre el poder (que da seguridad a sí mismo) y la infidelidad. Mientras más de lo primero, tanto con más ganas engañamos – independientemente del sexo. Y ya que hay más hombres arriba de la escala social, entonces existe la impresión errónea que ellos engañan con más frecuencia. Es cuestión de tiempo que los dos sexos se ajusten (en los últimos 20 años el porcentaje de las mujeres engañadoras creció doblemente).

CADA PAÍS TIENE SUS COSTUMBRES

Ya se hizo histórica la foto de la esposa y amante (ambas con sus hijos) del presidente Francois Mitterand, juntas al lado de la tumba de él, la cual enseña la tolerancia de los franceses en la cuestión de la infidelidad. Por otro lado, se encuentran algunos países musulmanes (Arabia Saudí, Sudán, Nigeria) donde incluso a las mujeres violadas se les castiga igual de severamente que las que engañan. En Inglaterra engaña un 26% de las mujeres y un 25% de los hombres. Para un 43% de las británicas una sola aventura no es para nada infidelidad (así lo considera un 33% de los británicos). Perdonar la infidelidad es típico para los alemanes – hasta un 35% está dispuesto a olvidar el engaño de su pareja. En comparación, un 23% de los daneses olvida la infidelidad. En Australia un 40% de los hombres admite la infidelidad, en EE.UU un 33%, en Rusia solamente un 8% (aunque es la nación más amorosa, porque las rusas hacen el amor en promedio 13 veces al mes) – hay más problemas con la embriaguez y el  alcoholismo. En España, la infidelidad es admitida solo por un 10% de la sociedad (el libertinaje es tradicionalmente condenado). Los italianos son los más activos fuera del matrimonio (engaña un 55% de los hombres y un 45% de las mujeres).

¿Cómo es en Polonia? Casi un 30% de los polacos reconoce su infidelidad. La infidelidad es la causa de 1/4 de los divorcios, y en la gran parte de los casos (un 75%) es la mujer que presenta la demanda. Un polaco de cada cuatro coquetea, estando en una relación estable, y un 10% de estos coqueteos acaba en infidelidad. Muy a menudo en el trabajo (un 34%) y entre los conocidos (un 25%). Solamente un 9% de las aventuras amorosas tiene su principio en las universidades, y un 8% en clubs o restaurantes. Los amantes de las vacaciones son apenas un 6%, y los de Internet un 5%. Solo un 4% de las polacas tiene consciencia de ser engañada, aunque los hombres son, generalmente, peores para ocultar la infidelidad. ¿Es decir, “ojos que no ven, corazón que no siente”?

¿PERDURARÁ LA INSTITUCIÓN DEL MATRIMONIO?

¿En esta situación, donde cada vez más parejas se separan y traicionan, la institución del matrimonio tiene oportunidad de perdurar? Junto con la constante liberalización de las costumbres y la simplificación de las procedimientos del divorcio (en España el divorcio es posible por Internet) cada vez más parejas se deciden por las uniones libres, de las cuales “la salida” es mucho más sencilla – seguramente esto se va a ir desarrollando. Pero (un pero con mayúsculas) el matrimonio vale la pena: los esposos tienen más posibilidades de vencer el cáncer que la gente soltera y generalmente son más felices (un 43% de los casos estudiados por Pew Research Center en comparación con un 24% de los solteros).

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